lunes 17 de junio de 2024
Edición Nº2380
Actualidad » 7 sep 2022

Diario del Juicio

“Ellos son mis papás, tenían 19 y 21 años cuando se los llevaron”

Audiencia N° 77, 23 de agosto de 2022, juicio “Pozo” de Banfield, “Pozo” de Quilmes y “El Infierno” de Avellaneda.


Araceli Gutiérrez fue la primera de las tres testigos en prestar declaración en la causa llevada a cabo a instancias del TOF 1 de La Plata. También declararon Natalia Ledesma Gutiérrez, sobrina de Araceli e hija de Isabel y Juan Carlos Ledesma, ambos detenidos desaparecidos; además de Mery Quisdert. 

Araceli es la mayor de cinco hermanos, Marta, Isabel, Claudia y Diego. Siendo adolescente comenzó a militar en la Juventud Peronista junto con su hermana Isabel, a quien ella afectuosamente llama Pichuca. A los 17 años Isabel Gutiérrez se casó con Juan Carlos “Chile” Ledesma, de 19, y se instalaron en La Plata, ciudad donde vivía Araceli.

En la audiencia, Araceli cuenta su experiencia, la de su marido y la de su padre como sobrevivientes, pero hace foco en su declaración como testigo por la desaparición de su hermana Isabel y su cuñado, quienes tenían 19 y 21 años al momento de ser secuestrados.

En 1975 Araceli sintió que la situación en La Plata se había complicado y decidió mudarse a la ciudad de Olavarría, pero su hermana Isabel y su cuñado Juan Carlos, no siguieron sus pasos. Ellos continuaron en la ciudad compartiendo albergue con una pareja y sus hijos, oriundos de Bahía Blanca. En 1977 la pareja fue asesinada.  Esta situación obligó a Isabel y Juan Carlos a trasladarse a Olavarría. 

Los padres de Araceli e Isabel llevaban un tiempo viviendo en la localidad de Tandil cuando en septiembre de 1977 Francisco Gutiérrez, padre de ambas y subcomisario de la Policía Bonaerense, fue increpado para saber sobre el paradero de su hija Isabel y finalmente secuestrado. Días después también fueron secuestrados Isabel, Juan Carlos, y Natalia, que aún era un bebé. El mismo destino corrió para Araceli y su marido, Néstor Elizari, que fueron secuestrados y llevados al Centro Clandestino Monte Peloni junto con compañeros y compañeras de Olavarría. Allí estuvieron hasta el 2 de diciembre cuando fueron trasladados a la cárcel de Azul, finalmente en 1978 los llevaron a Villa Devoto. 

La familia tuvo recorridos diferentes. Isabel y su marido Juan Carlos fueron trasladados a la Brigada de La Plata. Desde La Plata al Pozo de Banfield, y luego, nuevamente a La Plata. En este último Centro Clandestino de Detención se encontraba el padre de Isabel y Araceli, quien permaneció detenido ocho meses. Allí, un policía conocido de la testigo le comentó que vio a alguien parecido a ella en la morgue. De este modo, Araceli concluye que el último lugar en el que estuvo antes de ser asesinada Isabel es en La Plata. Cuando Araceli e Isabel fueron detenidas, el padre las buscó y preguntó por ellas en comisarías. “Mi papá preguntó a la policía donde estábamos y le dijeron que no preguntara más… que optara por alguna de las dos hijas”, asegura. 

A partir del secuestro los tres hijos menores de Araceli Gutiérrez quedaron solos. En relación a Laura, su hija mayor, que en su momento tenía 5 años, afirma: “Hoy tiene 50 años y parece que tiene 13”, como consecuencia de lo sucedido. Para cerrar su testimonio Araceli sostiene una consigna sentida que atraviesa tanto sus declaraciones en el Juicio de las Juntas como en el Juicio del Centro Clandestino Monte Peloni: “Justicia para los compañeros” y agrega: “Que vayan presos, que cumplan la condena que tengan que cumplir”. 

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También en la audiencia declaró Natalia Ledesma Gutiérrez, hija de Isabel y Juan Carlos. 

 “Ellos son mis papás…Tenían 19 y 21 años cuando se los llevaron”, expresa la testigo y muestra una foto de sus padres cuando se casaron, momento en el que tenían 17 y 19 años.

Con 8 días de vida Natalia fue secuestrada junto con sus padres y llevada al hospital de la ciudad de Azul, esa fue la última vez que los vio. Pasaron 8 meses hasta que su abuela materna logró restituirla, aunque sin el nombre que sus padres eligieron para ella. Por muchos años Natalia tuvo otro nombre, fue legalmente hermana de su mamá y tía de su hermano, producto de que la única vía para la restitución fue la adopción por parte de sus abuelos.

El camino que recorrió Natalia para recuperar su identidad fue largo y doloroso. Los abuelos maternos cumplieron con la función de padres pese al dolor de estar viviendo su propio proceso, lo que llevó a Natalia en 2012 a iniciar los trámites para recuperar su identidad y llamarse como sus padres querían: Natalia Alejandra Ledesma. 

A días de cumplir 45 años y después de lo que transitó junto con su familia, Natalia siente que la moviliza una convicción. Junto con su hijo y en nombre de sus padres y de los 30.000 detenidos desaparecidos tiene un pedido claro: “Que los responsables cumplan la sentencia en donde la tienen que cumplir que es la cárcel”.

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Mery Quisdert, la última testigo es una detenida sobreviviente. En febrero de 1977 ella vio cómo miembros de la policía y el ejército ingresaron por la fuerza a la empresa de emergencias médicas donde trabajaba, perteneciente a la familia D´alessio, víctimas de la dictadura.

Cuando los miembros de la policía y el ejército ingresaron a su espacio de trabajo, la encontraron sola, la tiraron al piso, le pusieron “una bota en el cuello y otra en la espalda” y durante horas permaneció encerrada en un baño. Mery no sabía qué buscaban ni por qué estaban ahí. Fue trasladada en el asiento de atrás de un auto sin saber a dónde iba, solo pudo oír el sonido “del top” que marcaba las diez en la radio. El auto se detuvo y escuchó el sonido de un portón que mucho tiempo después al leer las páginas del libro Nunca Más, asociaría con el Centro de Detención conocido como El Olimpo. Luego fue trasladada nuevamente a un sitio donde escuchó voces familiares, eran la mamá y la hija del hermano del dueño del lugar donde ella trabajaba.

Al día siguiente, la sentaron en un patio esposada sobre las rejas de unas ventanas donde reconoció a otro integrante de la familia D´alessio, el primo del dueño de la empresa. Minutos más tarde identificó la voz del hermano del dueño. Dos días después fue trasladada nuevamente, allí las voces familiares ya no se hacían presentes, pero sí las torturas. 

Su familia la buscó incansablemente, intentando por todos los medios posibles encontrarla. Después de varios días fue liberada, junto con otro sobreviviente, en un descampado. Los temores continuaron, pero la necesidad de velar por su hermano la obligó a continuar. Transcurrió un tiempo cuando por un conocido en común fue convocada por Alfredo D´alessio, dueño de la empresa, quién la llamó para solicitarle que cuente lo que vio sobre su hermano, eso motiva que hoy tenga el valor de hacerlo. 

Así concluyó la septuagésima séptima audiencia de este juicio, el último testigo citado no se encontraba en condiciones de declarar y fue reprogramado. Se pasó a un cuarto intermedio hasta el martes 30 de agosto a las 8:30. 

*Cobertura realizada por Pamela Tomás y Evelyn Sena.

Diario del Juicio. 23 de agosto de 2022. “ELLOS SON MIS PAPÁS, TENÍAN 19 Y 21 AÑOS CUANDO SE LOS LLEVARON”.

Recuperado de: https://diariodeljuicioar.wordpress.com/?p=1327

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