lunes 21 de junio de 2021
Edición Nº1288
Actualidad » 9 abr 2021

Diario del Juicio

“Entregalo igual porque vos no vas a sobrevivir, no lo vas a ver crecer”

Audiencia número 20, 30 de marzo de 2021. Juicio Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y El infierno de Avellaneda.


Las pantallas del tribunal despertaron la emoción tras las declaraciones de los sobrevivientes del Pozo de Banfield. María Ester Alonso Morales, nacida en cautiverio, hija de Jacinto Alonso Saborido y Delfina Morales; Raúl Alberto Marciano, sobreviviente; y un tercer testigo cuya declaración no se hizo pública tras el pedido de resguardo de su identidad. 

Son las 9:47 y se inaugura desde la virtualidad la vigésima jornada del Juicio a las Brigadas. El presidente del tribunal, Ricardo Basílico, inicia haciendo alusión al pedido de uno de los testigos de preservar su identidad. 

Es el turno de la primera testigo, María Ester Alonso Morales. Al comenzar su relato aclara que no vivió una parte de los sucesos y que su testimonio es fruto de una reconstrucción histórica propia que inició en 1995, a sus 20 años, mientras estudiaba derecho. La fuente principal es la palabra de su madre. 

Su padre, Jacinto Alonso Saborido, nació el 7 marzo de 1950 en España. Vino al  país con su madre a los cuatro años. Desde joven se comprometió con la militancia, espacio en el cual conoció a su pareja, Delfina Morales, quien nació en Santiago del Estero el 28 de mayo de 1937. En los 60’ Delfina llegó a Buenos Aires, estudió cocina y trabajó en casas de comidas; ingresó al Partido Revolucionario de los Trabajadores y comenzó su romance con Jacinto.

En marzo de 1974, Saborido alquiló una casa en Lanús. El 7 de octubre falleció en el Hospital Gandulfo tras un enfrentamiento de balas de fuego. Cuando el propietario del inmueble se enteró de lo sucedido hizo la denuncia en la comisaría. La policía interceptó la casa de Lanús, pero Delfina ya se encontraba en Bernal.

La detención de Delfina

El 13 de noviembre a las 21:40 la policía irrumpió en su domicilio. Delfina Morales fue detenida junto a sus compañeros y trasladados a la Comisaría 2da de Bernal con asiento en Quilmes. Lo más doloroso para Delfina fue cuando en la detención se llevaron una valija con ropa de bebé. “Nosotras cuando nacemos no tenemos nada para ponernos”, expresa María y asegura que su mamá quedó alojada en la comisaría y pocos días allí. Con lágrimas en los ojos cuenta que su madre fue llevada a una oficina, en la cual fue interrogada y torturada.

Con voz temblorosa expresa que a su madre le gatillaron un arma en la cabeza. Pero su mayor dolor fue cuando quisieron que de en adopción a su bebé. En ese momento Delfina no sabía que esperaba mellizas. Con el argumento de buscarle una buena familia la policía la amenazó y le dijo “Entregalo igual porque vos no vas a sobrevivir, no lo vas a ver crecer”. 

Ante lo sucedido y con un embarazo a término se descompuso. Los guardias llamaron a una médica de un sanatorio cercano, quien aseguró que estaba en trabajo de parto. En medio de un operativo policial donde las armas se hicieron visibles ante los presentes, la llevaron al Poliquiclino Bernal, donde dio a luz el 17 de noviembre de 1974. Los médicos y parteras hicieron una colecta para comprar ropa a las bebés y comida a la mamá para que produzca leche.

A los dos días ingresó a Olmos. El 13 de diciembre declaró y refirió los tormentos, vejámenes y torturas que padeció. Durante su declaración, a Delfina se le pasó el tiempo de amamantar y su puerperio se hizo notar. Su remera se inundó con leche materna. El juez ordenó que le quitaran las esposas, pero para los demás Delfina no era una madre sino la mujer de un guerrillero a la que podían venir a rescatar en cualquier momento. 

El 16 de enero de 1976 Delfina es dejada en libertad pero expulsada del país. Custodiada hasta el aeropuerto llegó a Perú. Allí la socorrió un comité de presos políticos. En 1977 regresó por sus hijas y comenzó un recorrido hasta llegar a ellas. “Mi mamá consigue volver al país clandestinamente con un nombre, apellido y documento falso”, afirma María. En medio de la incertidumbre su madre buscó a su hermana pero la respuesta que obtuvo de su cuñado fue: “Salí de acá que vinieron a preguntar por vos”. Finalmente viajó a la casa de su madre, Mercedes Morales, en Santiago del Estero: “Mi mamá me contó que llegamos justo. Mi abuela nos pudo conocer en su lecho de muerte”. María transitó diferentes colegios y hogares-escuela hasta 1985, año en que regresó con su madre. 

Terminado su relato y al no haber más preguntas, el Presidente del Tribunal agradece su testimonio y María se despide con un poema. “Nacimos huérfanos, crecimos en la intemperie y envejecimos de chicos. Nacimos a la intemperie, crecimos huérfanos, envejecimos de chicos. Huérfanos de intemperie, envejecimos de chicos”. María Ester Alonso Morales se despide con las palabras: “Juicio y castigo”.

El relato de un sobreviviente: Raúl Alberto Marciano

Luego de un cuarto intermedio de cinco minutos, los miembros del Tribunal retoman la audiencia. Esta vez declara Raúl Alberto Marciano, secuestrado junto a su esposa el 29 de marzo de 1976. 

Raúl cuenta que eran las 3 de la mañana cuando alrededor de ocho personas de civil ingresaron a su hogar. Al cruzar la puerta los sorprendieron con un culatazo y les vendaron en los ojos. Él era carpintero y tenía 28 años, su compañera dos años menor, era docente y sindicalista. Ambos pertenecían a la Juventud Peronista.

En otra habitación se encontraba su bebé de dos años. Los policías ingresaron al cuarto con violencia y sacaron a la esposa de allí. Con golpes e insultos trasladaron al matrimonio en un auto. La incertidumbre fue creciendo conforme los iban alejando de su hogar con el fin de llevarlos a la comisaría de Escobar. Allí pasaron una noche terrorífica tras escuchar los gritos de auxilio de personas que estaban siendo sometidas. 

A Raúl y su esposa los volvieron a trasladar. Los llevaron a la zona de Zárate-Campana transitando distintos centros clandestinos. “Hoy a 45 años no puedo precisar la cronología de los lugares que pasamos”, manifiesta. Uno de los centros estaba ubicado en un barco cerca del puerto de Zárate. “Era un infierno y el peor lugar en el que estuvimos”, señala. El testigo cuenta que luego lo llevaron en una lancha, supone que al Arsenal Naval de Zárate. 

No recuerda el tiempo pero estima que estuvo unos cinco días en ese lugar. Luego de pasar por diversos centros, lo trasladaron en un camión cubierto con lonas al Pozo de Banfield. En el camino reconoció la Autopista Panamericana y percibió que los camiones se detuvieron para trasladar a otros detenidos. “A mí me dejaron en el mismo camión que estaba”, cuenta. 

En medio de insultos y golpes fueron forzados a subir a un segundo piso. “Nos iban golpeando permanentemente”, relata. El terror creció cuando por primera vez les retiraron las vendas. “Otros compañeros que llegaron estaban peor que yo”, agrega. Le permitieron higienizarse y recuerda que fue el primer lugar donde recibió comida: “Un guiso infame y agua”. Dormía en el piso de un calabozo y pese a estar lastimado nunca recibió visita médica.

Raúl cuenta que allí el trato fue distinto y supone que fue “con la intención de mejorar su estado de salud para ser trasladado a la cárcel”. Sin embargo, afirma que podía oír los gritos y torturas de otros pisos. Tras su llegada al Pozo de Banfield, el testigo calcula que su permanencia allí fue de entre 5 y 6 días. 

Relata que las personas que lo interrogaron no eran las mismas de los demás centros. Esto lo constató ante las preguntas que le hacían, las cuales eran de carácter político, ideológico y religioso. Menciona que el Pozo de Banfield tenía características totalmente diferentes: “Los anteriores eran centros clandestinos y el Pozo de Banfield estaba claro que era una dependencia policial”.

A Raúl lo trasladaron nuevamente en un furgón con destino a Coordinación Federal. La única explicación que encontró al no recibir malos tratos es que ya estaba a disposición del Poder Ejecutivo. Sin embargo, esta suerte no fue para todos. Allí escuchó torturas y abusos a mujeres. “Es algo muy degradante y torturante la impotencia que se siente”, expresa. Con los ojos vendados y las manos atadas fue trasladado en un avión al Aeroclub de Azul. Luego a la cárcel de Sierra Chica. Estuvo tres años como preso político sin cielo abierto. Finalmente llegó a la cárcel nueva de Caseros. En Agosto de 1982 salió en libertad. Su excarcelación fue con un año de libertad vigilada. “Es una figura que nos obligaba a ir tres veces a la comisaría local”, concluye.

Su bebé y el momento de la detención

Cuando Raúl y su esposa son forzados a dejar su casa, el bebé quedó con la policía en medio de un llanto desconsolado. Estuvieron horas con él según refieren sus vecinos. Sostiene que fue su peor tortura al no saber del niño. Tiempo después tuvo noticias mediante su familia. “No supimos hasta ese momento si nuestro hijo estaba o no con vida”, se lamenta.

Raúl solo podía ver a su bebé en la cárcel a través de un vidrio. Con dolor recuerda que el primer contacto físico con su pequeño fue luego de 7 años. Entre lágrimas rememora su primer abrazo.

En el momento del secuestro a Raúl y su esposa les robaron todo. Al regresar a su casa “no había ni una cama donde dormir”. La ayuda de sus familias fue importante. Su esposa retomó la docencia luego de dos años y él empezó una carrera docente. “Fue muy difícil pero lo logramos, tuvimos mucha ayuda”, asegura.

Tras la pregunta sobre si en el tiempo detenido intervino el poder judicial, el testigo responde que “la única intervención fue un recurso de amparo que hicieron mis padres por mi salud estando detenido en Caseros”. En esa oportunidad, el declarante pudo ver la luz del día y estar bajo cielo abierto.

Finalmente, tras una audiencia conmovedora, el testigo se despide con un pedido de justicia y solicita que los culpables sean castigados. 

La audiencia virtual concluye para el público dando lugar al tercer testigo, esta vez las cámaras se apagan con el fin de resguardar su identidad. 

La próxima jornada del Juicio oral y público será el martes 6 de abril a las 9:30 y se tomarán las declaraciones testimoniales de María Esther Buet, Stella Maris Soria y Norma Soria. 

*Cobertura realizada por Nancy Camila Rodríguez.


Diario del juicio. 30 de marzo de 2021. “ENTREGALO IGUAL PORQUE VOS NO VAS A SOBREVIVIR, NO LO VAS A VER CRECER”. Recuperado de https://diariodeljuicioar.wordpress.com/2021/04/05/entregalo-igual-porque-vos-no-vas-a-sobrevivir-no-lo-vas-a-ver-crecer

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