martes 28 de junio de 2022
Edición Nº1660
Actualidad » 26 may 2022

Diario del Juicio

“Se decidía el destino de los que estábamos ahí”

Audiencia N° 64, 3 de mayo de 2022. Juicio “Pozo” de Banfield, “Pozo” de Quilmes y “El infierno” de avellaneda. En esta audiencia declararon María José Lavalle Lemos, María Lavalle Lemos, Mónica Quiñones, y Liliana Zambrano.


Por:
Redacción

Ésta es una jornada dedicada a la historia de un matrimonio y su familia, la de Gustavo Antonio Lavalle y Mónica María Lemos. Ambos fueron secuestrados el 20 de julio de 1977 y aún se encuentran desaparecidos. En esta audiencia declaran sus dos hijas, Maria José Lavalle Lemos y María Lavalle Lemos; Mónica Quiñones, su vecina; y Liliana Zambrano, sobreviviente de la dictadura militar.

Gustavo y Mónica tenían 22 y 25 años respectivamente y vivían en el barrio de San Fernando en José C. Paz. Él estudiaba Filosofía y realizaba artesanías; ella era geóloga y maestra. Estaba embarazada de ocho meses al momento del secuestro. Ambos habían militado en la Juventud Peronista y en Montoneros, y habían tenido una marcada participación barrial. 

Comienza a declarar de forma virtual María José Lavalle Lemos, hija menor de Gustavo y Mónica. La testigo nació en cautiverio en el Pozo de Banfield y fue apropiada por Teresa González, miembro de la Policía Bonaerense. María José relata que su madre estaba embarazada de ocho meses al momento del operativo en el que es secuestrada y que María, su hermana, también había sido llevada junto a sus padres. En ese sentido, cuenta que fueron trasladados a la Brigada de Investigaciones de San Justo, y de ahí al Pozo de Banfield, lugar donde nació.

María José afirma que su apropiadora presenció el parto y que estuvo con sus padres y su hermana en San Justo. “Ella se iba a quedar con María y le dijeron que mejor se quede con la mamá que iba a tener un bebe dentro de poco”, señala.

La testigo fue apropiada ni bien nació y fue criada por Teresa González durante 10 años, hasta que fue restituida en octubre de 1987. Dos años antes, las Abuelas de Plaza de Mayo habían recibido denuncias sobre una posible hija de desaparecidos y es ahí donde se abre la causa de apropiación que luego la localiza y restituye. Declara que su apropiadora estaba al tanto de esta causa y de las investigaciones que Abuelas venía realizando, por lo que se mudaron varias veces. “Vivíamos en Hurlingham y fuimos a vivir a Mar del Plata, vivimos en varios lugares hasta que un día me sacan a escondidas en un auto y me llevan a una quinta de un amigo de mi apropiadora. Es ahí donde el juez me encuentra”, manifiesta.

María José asegura que no sabe la fecha exacta de su nacimiento, pero que nació entre el 2 y el 8 de septiembre. “Nos robaron el derecho a que nuestros padres nos críen, eduquen, formen, den su impronta de su visión del mundo. Fue adrede. Que nos hayan sacado de nuestras familias y que nos hayan privado de su crianza era parte de ese plan político”, finaliza su relato.

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Declara de manera presencial Liliana Zambrano, quien fue secuestrada el 30 de agosto de 1977 en su domicilio, junto a dos compañeros de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Al momento del secuestro, Liliana tenía 22 años, era estudiante de la carrera de Historia y había militado en la Juventud Universitaria Peronista. Estuvo detenida de forma ilegal durante casi dos meses y pasó por la Brigada de Investigaciones de La Plata, el Pozo de Arana y de Banfield. 

La testigo cuenta que el 8 de septiembre llega al Pozo de Banfield, día en el que son trasladadas un grupo de personas entre las que se encontraba Mónica Mercedes Lemos. Relata que ellos creían que iban a ser llevados a una cárcel en el sur de forma legal y que iban a ser puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, pero que no fue así, ya que después se supo que se trataba de los denominados Vuelos de la muerte. 

“El pozo de Banfield era un lugar de paso. Allí se decidía finalmente el destino de cada uno de los que estábamos ahí”, reflexiona.

Liliana se enteró por Gustavo Lavalle que Mónica había tenido un bebé en el Pozo de Banfield. Declara que, además, a ella y a un grupo de personas les tocó limpiar los calabozos que habían quedado vacíos tras el traslado, y que fue ahí donde se quedó con un pantalón de embarazada de Mónica. 

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Comienza el tercer testimonio, Mónica Quiñones, vecina de Gustavo y Mónica, que tenía entre 10 y 12 años en aquel momento. Ella vive en la misma casa de por entonces, la única diferencia es que la calle lleva el nombre “Gustavo y Mónica” en su homenaje. 

La testigo cuenta que el vínculo con ellos era muy bueno y solidario, ya que vivían en un barrio que recién se estaba iniciando. Eran cinco o seis familias las que residían allí y Mónica y Gustavo eran los más nuevos y jóvenes, pero “se acoplaron” bien.

Recuerda que un día fueron unos vecinos a su casa a contarle a su familia que “se los habían llevado” y que se preguntaron qué iban a hacer. “Entramos a la casa y estaban las puertas rotas, la de adelante y la de atrás. Estaba todo tirado, los libros, la cunita de la nena”, describe conmovida.

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Es el momento del testimonio de María Lavalle Lemos, quien tenía un año y tres meses cuando fue secuestrada junto a sus padres. María cuenta que el operativo fue muy violento, ya que revolvieron la casa y se llevaron muchos objetos. 

Asegura que permanecieron en la Brigada de Investigaciones de San Justo hasta el 26 de julio, momento dónde la regresaron con su familia paterna y donde sus padres son trasladados al Pozo de Banfield. “Esa noche llaman a la casa de mi abuelo paterno, atiende mi tía paterna y le dicen que le pasen con su padre. Mi abuelo atiende el teléfono y una voz masculina le dice que si quiere volver a ver a su nieta tiene que ir a un lugar y le da una dirección. Esa dirección era a la esquina de la casa de mis abuelos maternos y me dejan en la casa de un vecino”, relata. 

Su abuelo Francisco Lavalle la busca y la lleva a su casa. María, según pudo reconstruir, estaba mal, hambrienta y en estado de shock. Supo por el testimonio de Liliana Zambrano que a su padre le habían dicho que su hermana iba a ser devuelta a sus abuelos, como había sucedido con ella. “Él estaba convencido de que esto iba a ser así porque contaba que a su hija mayor la había podido devolver con sus abuelos, y la convenció (a Liliana) de que con mi hermana iba a pasar lo mismo, que también iban a devolverla”, sostiene.

También cuenta que su papá estaba contento y conforme, porque suponía que sus dos hijas habían vuelto con sus abuelos y que su compañera iba a ser trasladada a algún penal en el sur. “Esto no fue así. Nació María José que fue restituida por Abuelas, y el traslado fue el destino final de mi mamá”, explica. 

Sobre su padre se sabe que estuvo un tiempo más en el Pozo de Banfield hasta su traslado. Y en cuanto a la restitución de su hermana, María expresa convencida: “Siempre supe que tenía un hermano o una hermana y que lo estábamos buscando. Crecí con la búsqueda y la certeza de que la íbamos a encontrar”. 

Por último, la testigo solicitó al Tribunal celeridad en el juicio y que se retome la presencialidad completa en las audiencias. “El acto de justicia también es el público, las fotos, la gente en la calle. Eso también es el acto de justicia y es reparatorio”, subrayó.

La audiencia pasa a un cuarto intermedio y continuará el martes 10 de mayo a las 8:30 horas.

*Cobertura realizada por Noelia Ruiz.

Diario del juicio. 3 de mayo de 2022. “SE DECIDÍA EL DESTINO DE LOS QUE ESTÁBAMOS AHÍ”. Recuperado de: https://diariodeljuicioar.wordpress.com/?p=1196

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