martes 18 de septiembre de 2018
Edición Nº281
Actualidad » 21 ago 2018

Derechos Humanos

“Aunque el mundo se termine mañana, yo plantaré mi manzano”

Entrevista inédita a Chicha Mariani


Se fue sin encontrar a Clara Anahí. No pudo cumplir el sueño que soñó cada segundo de sus últimos 42 años. Pero deja un vendaval de enseñanzas, un manual de coherencia y tenacidad que la transformaron en uno de los principales íconos de la lucha por “Memoria, Verdad y Justicia”. Chicha Mariani, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, falleció anoche a los 94 años. Días atrás nos había recibido en su casa y la palabra esperanza fue la más repetida de la conversa. “Nunca hay que bajar los brazos”, sentenció, con un optimismo a prueba de balas, desilusiones y achaques físicos y mentales.

Chicha habla claro, pausado, y pide perdón cuando la memoria le pone obstáculos al relato. Se acerca la fecha de un nuevo cumpleaños de Clara Anahí (fue el pasado 12 de agosto) y se impone la pregunta sobre las sensaciones que la atraviesan: “A veces siento un gran desaliento, porque siempre pienso: ¿y si hubiera hecho esto? ¿Y si fallé no haciendo lo otro? ¿Pude haber hecho más? Una siempre quiere hacer más. Sale a la mente, al corazón, lo que no se pudo hacer. Son épocas muy difíciles, a esta altura cuando vos sabés que no podés hacer tanto como antes. Pero igual se puede hacer, así que lucho desde aquí. La esperanza nunca la hemos perdido. La esperanza siempre está”.

Clara Anahí Mariani Teruggi tenía tres meses cuando fue secuestrada y desaparecida, el 24 de noviembre de 1976, durante un operativo que supervisó personalmente Miguel Ángel Etchecolatz, entonces director de investigaciones de la Policía Bonaerense.

Ese día, el descomunal despliegue de fuerzas militares y policiales irrumpió en la casa de Diana Teruggi y Daniel Mariani, en las calle 30 entre 55 y 56 de La Plata. Allí también funcionaba una imprenta clandestina del periódico Evita Montonera. Fueron asesinados Diana y otros cuatro militantes. Diana fue acribillada por la espalda y cayó cubriendo con su cuerpo a su pequeña hija Clara Anahí. La casa es hoy un Sitio de Memoria y conserva las huellas de la ferocidad repesiva.

María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani comenzó ese día la eterna búsqueda de su nieta. Fue una de las fundadoras y segunda presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. En 1989 se fue de la organización y creó la Asociación Clara Anahí.

 

-¿Cómo hiciste para no bajar los brazos después de tantos años sin respuestas?

-Las heridas que se ocasionaros, los sufrimientos, a veces las alegrías también, te van formando una personalidad muy especial. Mirá, a veces escondo la cabeza debajo de la almohada y lloro ahí. Pero todo lo que despierta la búsqueda, la sensación de injusticia de lo que una ha tenido que sufrir, te da unas alas que ninguna otra cosa te puede dar. Es como un motor que se lleva junto con todo lo que una perdió. Lo que te da el amor, el amor que sale de lo más profundo. La fuerza que tenés es el amor por los nuestros y los ajenos.

-¿Qué aprendizajes o enseñanzas de vida te gustaría trasmitir?

-Que nunca hay que bajar los brazos. Y estar siempre alerta, jamás permitir que se viole un derecho humano porque detrás vienen otros. Educar a los chicos, hacerlos partícipes de los problemas. No dejar que la inercia o el cansancio o la decepción nos abarque. Y no parar nunca, esa ha sido una premisa en mi vida. Siempre se aprende, no hay que cerrar nunca ningún camino, hay que hacer todo lo que se pueda, hasta el final.

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Cada tanto a Chicha se le escapa un ¿dónde está Clara Anahí?, la pregunta omnipresente en sus días y sus noches. “En cada segundo”, aclara. Y reafirma la ilusión que nunca abandonó: “Yo siempre pienso que la voy a encontrar, la busco tanto y de tantas maneras que tengo la esperanza… Sí, yo pienso que la voy a encontrar”.

Algún día Clara Anahí va a aparecer. Y desde algún lado se asomará la sonrisa de esta enorme mujer que hizo de la esperanza una bandera, y que, días antes de emprender el viaje eterno, nos regala como despedida aquella frase de Martin Luther King que aferró como lema de vida: “Aunque el mundo se termine mañana, yo plantaré mi manzano”.

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