viernes 16 de noviembre de 2018
Edición Nº340
Actualidad » 10 may 2018

Memoria

“Los clubes sirvieron como refugio para muchos argentinos”

Entrevista con el historiador israelí Raanan Rein, a propósito del libro Los clubes de fútbol en tiempos de dictadura


Recién llegado de Tel Aviv, Raanan Rein se dispone amablemente a la entrevista para luego participar en la presentación en Buenos Aires de su último libro Clubes de fútbol en tiempos de dictadura (UNSAM Edita), del cual es compilador junto a Mariano Gruschetsky y Rodrigo Daskal. Rein, profesor y vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, es un historiador israelí dedicado a Latinoamérica. Como se sabe, Rein es habitué por estas tierras, al menos una vez al año visita la Argentina para presentar algún libro o encarar algún proyecto nuevo de investigación. Lo que sucede es que es un especialista en peronismo –uno de los temas más trabajados en la historiografía contemporánea de América Latina– y de hecho es uno de los investigadores extranjeros que más ha publicado sobre esta cuestión en los últimos treinta años. Pero desde hace algún tiempo su curiosidad lo ha conducido hacia otro lugar que lo apasiona particularmente: la cancha de fútbol. En sus derivas porteñas se hizo hincha de Atlanta, y ese club es justamente el que le dio origen a su primer libro (historiográfico) de temática futbolera, Los Bohemios de Villa Crespo: judíos y fútbol en la Argentina (2012), al que le siguió la compilación La cancha peronista. Fútbol y política (1946-1955). Para Rein, el fútbol siempre resulta interesante no sólo por el fervor puesto en cada partido, sino por lo que es capaz de iluminar socialmente en relación a la vida cotidiana de las personas.

–¿Por qué se propusieron analizar el fútbol argentino durante la última dictadura militar intentando superar la dicotomía víctimas/victimarios?

–La idea era hacer algo de historia desde abajo, es decir, no hablar tanto de la represión estatal y de las políticas del Estado, sino acercarnos a la vida diaria, a la vida cotidiana de muchísimos argentinos de aquel momento. Uno de los fenómenos más notables es el gran aumento en el número de socios en los distintos clubes. Y cuando empecé a entrevistar gente, a menudo me encontré con una ausencia conspicua de referencias acerca de la represión estatal. Mucha gente me habló con nostalgia de esos tiempos, de muchas victorias en la cancha, de lo que pasaba con la barra brava, de algún clásico. Y eso me despertó la curiosidad, porque para muchos de nosotros no se puede entender nada de lo que pasaba acá entre los años 1976 y 1983 sin hablar de la represión estatal. Pero en la memoria de muchísima gente, su cronología biográfica no tenía siempre que ver con golpes militares, con gobiernos populistas, radicales o peronistas; su vida tenía otras dimensiones. Entonces pudimos ver las cosas no en blanco y negro, sino con muchos matices, muchos grises. Unos se opusieron activamente a la dictadura, otros estaban indiferentes, algunos se adaptaban a las circunstancias cambiantes, y el club y las actividades deportivas, culturales y sociales dentro del club llenaban gran parte de sus vidas.

–¿A qué responde ese crecimiento de la masa societaria de los clubes de fútbol durante este período, en un momento en el cual todos los espacios de reunión estaban cercenados?

–Tiene que ver con varios procesos. Por un lado, en los años 70 estos clubes deportivos, sociales y culturales, ofrecían una gran cantidad de actividades, para chicos y para adultos, distintas prácticas deportivas, no solamente el fútbol, sino también karate, ajedrez, boxeo, tenis, natación, etcétera. Entonces, el poder de atracción de muchos de los clubes aumentó bastante. Por otro lado, sin ninguna duda, estos clubes sirvieron como un refugio para muchos argentinos. Muchos padres preferían que los chicos estén dentro de los clubes y no en la calle, el club parecía como un espacio más seguro, y con esa campaña del gobierno de “¿Usted sabe dónde está su hijo?”, muchos preferían tener a los chicos dentro de los clubes. Además, en los clubes seguían con las prácticas democráticas, en medio de una brutal dictadura militar se hacían elecciones, hubo campañas electorales, bandos en pugna; se hablaba, hasta cierto punto, de política. Así que en esos momentos, ese espacio social tenían un poder de atracción que no tenía casi ningún otro espacio.

–¿Qué diferencias y similitudes pudo encontrar entre el fútbol durante la primera década peronista y el de los años de la última dictadura militar con respecto a lo que pasaba en los clubes?

–Curiosamente hubo un intento más notable por parte del Estado durante la década peronista de intervenir, pero no en el sentido de cambiar las autoridades sino de influir en los clubes deportivos. En los años 70 también hay intentos, pero menos sistemáticos, y parece que los militares, generalizando, al fútbol no lo querían tocar, tenían miedo de que eso podía, de algún modo, deslegitimar su proyecto político, económico y social. Incluso el día mismo del golpe militar se emitió por televisión el partido amistoso de la Selección Argentina en Polonia, ni pensaban en dejar de emitir este partido. A lo largo de esos años la vida interna de los clubes sigue casi igual. En ese sentido, en la historia de muchos de los clubes, marzo de 1976 no es una fecha clave.

–En relación a los usos y abusos que se hace del fútbol desde el poder, en este período resulta ineludible lo que sucedió durante el Mundial 78. Usted en particular analiza las campañas de protesta a nivel internacional y plantea que fueron un fracaso, pero que en cierta forma también fueron exitosas.

–Como se ha escrito bastante sobre el Mundial 78, lo que intenté es aportar otra mirada desde las campañas de protesta que se hacían en muchos países de Europa, América Latina y hasta en el Estado de Israel, campañas que movilizaban a decenas de miles de personas. Las campañas fueron un fracaso en el sentido de que los quince equipos nacionales llegaron al Mundial y jugaron. Sin embargo (estas campañas) tenían éxito en el sentido de que movilizaban a miles de personas e instalaban un debate público acerca de lo que pasaba acá. Y todo el tema de la violación de los derechos humanos en este país llegó a la primera plana de muchos medios en Europa, en América Latina e Israel. En ese sentido, sí tenía mucho éxito. En países como Francia es increíble el número de personas que participaban en todo tipo de actividades llamando a boicotear el mundial aquí en Argentina. Y este movimiento de solidaridad transnacional, también tuvo su impacto en años posteriores en otros intentos de boicotear Juegos Olímpicos o Mundiales de Fútbol.

–¿Qué conocimientos específicos aportó el estudio de los clubes de fútbol durante la dictadura en relación a la vida cotidiana de las personas?

–Pudimos comprobar ciertas suposiciones que muchos de nosotros, como historiadores, teníamos de antemano: que la dimensión política no es el eje central para la vida de la mayoría de la gente, que la historia hay que estudiarla también desde abajo y no solamente desde arriba, desde las políticas de los gobiernos de turno; y de que hay ciertas pasiones que logran movilizar a la gente y permiten un diálogo que el sistema político en sí no lo permite. No es un descubrimiento lo que presentamos en este libro, pero sí me parece que logramos enfatizar la importancia de estos aspectos.

Fuente. Página12

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